martes, 16 de julio de 2013

Televisión, fútbol y política




Confieso que me gusta mucho la TV. El fútbol, los realities, los Simpson, The Big Bang Theory y, el programa Alienígenas Ancestrales del History Channel están entre mis favoritos. Para mí la TV es distracción pero, también espejo de la evolución social.
La última cita mundialista del fútbol dejó unas cuantas frases de nuestros periodistas deportivos de canal 13, dignas de rescatar para anécdotas futuras. “Salvada quirúrgica la de Melo”, frase de laboratorio de inútil magnificación, “a vivir lo amargo de la amargura” o, “han clasificado a las semifinales un equipo por cada uno de los cuatro continentes”, reveladoras de la pobreza de vocabulario y la ignorancia geográfica. Prefiero no continuar, y qué más da, si la aventura de la selección chilena de fútbol en el mundial de Turquía sub 20 concluyó. Y de la forma más inesperada. En realidad de la peor manera. La imagen de aquella pelota de Ghana casi sin velocidad pasando entre dos jugadores chilenos que tapando la vista del portero termina en el fondo de la red, a sólo segundos de que el azar de los penales diera su justo veredicto, debe ser de las más frustrantes del último tiempo. 

No deja de llamarme la atención la facilidad con que aquel evento se olvidó. Recuerdo que cuando niño este tipo de hechos deportivos me quitaban la tranquilidad por semanas y, claro, como su ocurrencia era con cierta reiteración así se fueron pasando los meses y finalmente los años, pensando y repensando cómo habríamos celebrado de mediar otras circunstancias. Cómo no recordar aquí la disputa por el título mundial de Martín Vargas en 1980 contra Gushiken en Japón, el penal de Caszely en España 1982 o el lanzamiento de bala de Gert Weil en 1988 en Seúl. Hoy, sin embargo, ante estos fracasos percibo una rápida y preocupante conformidad. Una aceptación ciega en que sólo nos está permitido vivir los procesos previos hacia la felicidad, pero jamás gozarla. Como si hubiera algo de Moisés en cada chileno. Caminar, sufrir y seguir caminando con sufrimiento, para finalmente visualizar la tierra prometida que jamás se disfrutará. Hay quienes estiman que los triunfos deportivos de carácter moral parecen haber configurado el actuar del chileno. Mismos que nos han acostumbrado por años, a la sentencia de que a lo que hemos llegado a sido bastante lejos para las condiciones que reunimos.

Algo similar pasa con nuestra vida diaria y la relación que existe con nuestros gobernantes y las actuales instituciones políticas y, aquella frase que parece condenarnos al expresar que tenemos los gobiernos que merecemos. Se nos ha hecho creer que el sistema político que hoy tenemos es lo mejor a lo que podemos aspirar. Seguridad, paz social, estabilidad económica y política es lo que pregonan casi con locura, aquellos que parecen vivir en otro Chile. Nuestra actual Constitución Política y todo lo que ella representa es un ejemplo más de lo expuesto. Defiende una democracia bajo tutela, recordándonos a diario que no estamos preparados ni reunimos las condiciones para darnos instituciones de gobierno y gobernantes, bajo lógicas democráticas diferentes.

Los chilenos no somos malos para el fútbol. No podemos serlos si es toda una pasión para este país. El problema de los fracasos tiene claros responsables. Las instituciones que se han alejado de la esencia deportiva privilegiando el lucro y, los futbolistas que no han comprendido que su éxito requiere erradicación de la improvisación, disciplina, trabajo físico, concentración, pero por sobre todo amor a este deporte.

En los últimos días nos han bombardeado, desde el Congreso Nacional y La Moneda, con noticias sobre acuerdos y proyectos para reformar el Binominal, como si en ello radicará la esencia del divorcio socio-político que afecta a Chile. De un oportunismo alarmante y grosero, construidos a espaldas de la ciudadanía y presentados a tan sólo meses de una nueva contienda electoral. Si usted ama a Chile no puede ocultar que este país cambio, al igual que su gente. No existe el miedo de antaño a expresar que en el actual texto constitucional no se encuentra amparo ni representación, el que sólo pervive como expresión de un tiempo de odio y de división en Chile. Las reformas requeridas para nuestro sistema político no pueden ser improvisadas. Estas van más allá del sistema electoral regulador del ámbito parlamentario, se relacionan con el terrorismo, los reemplazos parlamentarios, la integración del Tribunal Constitucional, los Partidos Políticos, la tipología de leyes y sus quórums, la descentralización administrativa y, porque no decirlo, con un debate de altura sobre un proceso de descentralización política tanto funcional como territorial, entre otras tantas materias. De ahí mi insistencia en la defensa de un Gran Pacto de Estado que derive en el establecimiento de una Asamblea Constituyente que permita el establecimiento de un nuevo orden institucional para un Chile que se requiere a gritos más democrático, pluralista e inclusivo.   

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